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lunes, 18 de junio de 2018

EL MUNDO CONECTADO PONE EN PELIGRO LOS IMPERIOS

¡Hasta la cibervictoria siempre!



17 de junio de 2018 
Fernán Medrano 

Un fantasma recorre el universo entero: el fantasma de las redes sociales. Las aplicaciones y el teléfono inteligente han revolucionado la forma de la comunicación.

Vivimos en un mundo conectado todo el tiempo a internet, esa autopista infinita del ciberespacio. Los jóvenes consideran que su teléfono móvil es su cerebro de repuesto, una herramienta tecnológica que les ayuda a realizar un sinnúmero de sus funciones mentales. El artefacto electrónico pretende funcionar semejante a la inteligencia humana. No por nada, son llamados teléfonos inteligentes, aun cuando no están dotados de razón.

Y por eso, los muchachos de hoy en día no ven ni leen ni escuchan con interés las noticias que producen los medios de comunicación tradicionales; su actitud frente a los medios, como principal fuente de información, es radicalmente contraria a la postura de las anteriores generaciones.

A la actual generación de jóvenes les importa poco las noticias que comunican la televisión, la radio y los diarios. En cambio, les llama poderosamente la atención la información que circula en Facebook, Twitter, Instagram, YouTube, entre otras redes sociales. Enviado este minuto, Facebook opera como una fuente de información y de formación de opinión de millones de personas alrededor del planeta.

Al grueso de los jóvenes catalogados como nativos digitales o también rotulados como millennials (los nacidos en plena era digital, a partir del año de 1980 hasta la fecha de hoy) siente alergia por los medios de comunicación tradicionales, además de experimentar desconfianza hacia ellos.

Y la verdad es que no les creen nada. A los adolescentes no les interesa demasiado tener un televisor en casa, una radio para informarse, un juguete tradicional o una bicicleta para divertirse, por ejemplo, sino un smartphone o una tablet, preferentemente.

Sin lugar a dudas, hay un descontento general entre los mozalbetes, una insatisfacción diluida a lo largo y ancho de la generación de los millennials, principales usuarios de las redes sociales. Juzgan que sus necesidades comunicativas, e incluso educativas y laborales, nunca fueron satisfechas por los medios de comunicación masivos.

En los susodichos medios de comunicación hay copiosa cultura basura y prima la exclusividad. Sin embargo, las herramientas digitales (tales como Instagram y Facebook, la más popular de todas) no poseen semejante característica de exclusión, la cual (repito) es fundamental en los medios de comunicación tradicionales.

Es innegable que cualquier mortal puede tener su propio canal en YouTube, publicar vídeos, hacerse youtuber y, con dedicación y esfuerzo, volverse una celebridad del mundo digital.

Las redes sociales permiten democratizar, de modo alguno, los privilegios de los que gozaban con exclusividad incontables famosos fatuos, antes de que ocurriese el Big Bang digital, la Gran Explosión de las redes sociales.

En efecto, hay una camada de jóvenes cibernautas, activistas digitales, muy ciberhabilidosos, incluso más inteligentes que los teléfonos inteligentes, que ha logrado comprender y estimar en su justo valor el inconformismo que circula en las redes sociales, infiriéndolo de las emociones, sentimientos, sensaciones y expresiones de los usuarios.

En consecuencia, puede declararse que los blogueros son, en el mejor de los casos, una especie de informadores, reveladores de la verdad, formadores de opinión y guías de conductas.

Mediante sus propias interpretaciones y valoraciones de los hechos objetivos, los blogueros desarrollan un grado de influencia social.

Salta a los ojos que la empatía es la cualidad indispensable para interactuar (o conectar) con los seguidores, y lograr la conversión de los usuarios en los consabidos ecosistemas digitales.

Mientras más audiencia se consiga, mayor será la evangelización y más largo será el eco electrónico de los likes, mecanismo ampliamente conocido para medir el alcance de la simpatía, el nivel de popularidad o el margen de conexión de los suscriptores con la propuesta planteada.

Los blogueros orientan actitudes sociales -y, en ocasiones, construyen lazos de interrelación perdurables-, a fin de establecer un estado de opinión pública conveniente a sus juicios y conclusiones.

Por otra parte, los medios de comunicación tradicionales no saben cómo competir o, al menos, cómo aprovechar determinadas herramientas de internet, tales como Instagram o LinkedIn, por solo citar un par.

En este orden de ideas, pongamos por caso a Instagram, la red social y aplicación móvil especializada en la publicación de fotografías y vídeos. Esta red social es la responsable de haber propiciado la quiebra y posterior reingeniería del emporio fotográfico de Kodak. De manera sinónima, Facebook y Google les han arrebatado a los medios de comunicación tradicionales una porción destacada del dinero que percibían por concepto de publicidad.

En nuestros días, Facebook es lo más similar a una agencia de noticias. Hoy por hoy cualquier persona puede transmitir un acontecimiento histórico a través de un teléfono móvil en tiempo real para el mundo entero desde el sitio de los hechos, y sin importar qué tan remoto se encuentre el lugar, e incluso sin aplicarle ningún filtro previo a las noticias para difundirlas.

Como se observa, la capacidad de difusión, quiero decir, de viralización de una información en las redes sociales es inefable: todas las palabras no son suficientes para expresarla. Aseguran los expertos en el manejo de comunidades digitales que la viralización en las redes sociales, sobre todo de una denuncia ciudadana, obedece a que esta es una forma de pago y también de agradecimiento por parte de los usuarios digitales.

Y es además el anhelo latente de romper con la dominación y la manipulación informativa, todo ello con el propósito de mostrar de manera espontánea e instantánea noticias de auténtico interés popular.

La desobediencia informativa es un fenómeno muy significativo, toda vez que refleja el hecho de que el pueblo sí sabe agradecer la comunicación alternativa, esto es, la información independiente, pronta y veraz, sobre todas las cosas; porque a las gentes no les gusta el engaño.

Tal vez fue un considerado líder social indígena de México el que expresó que las redes sociales desnudaron al poder. Por consiguiente, vale decir que las redes sociales nos han permitido saber que existe un poder detrás del poder, escondido en la oscuridad, equiparable con un gobierno mundial, el de las grandes corporaciones, pero sin ningún tipo de responsabilidad social.

Las redes sociales han consentido conocer asimismo los intereses ocultos en las tinieblas de los grupos de poder. Las redes sociales son, prácticamente, el Tribunal de Justicia de lo que parece ser la Corte Penal Internacional del mundo digital.

Es menester resaltar que en el IV Encuentro Mundial de Intelectuales y Artistas en Defensa de la Humanidad efectuado en Caracas, Venezuela, el poeta y exministro de Cultura de Cuba Abel Prieto sugirió estar alerta acerca de la pérdida de la batalla de las ideas de la izquierda en el campo de la cultura, en el terreno de los medios de comunicación masivos.

Estamos intimados a ganar la paz también en el plano tecnológico, en ámbito el electrónico, en el ciberespacio y, por qué no, en el contexto de las redes sociales, en el cual se ve más fácil y favorable para obtener la victoria de los pueblos, puesto que nosotros todos estamos concentrados en el gueto digital de Facebook y Twitter, y debido igualmente a lo instantánea que es la comunicación a través de estas herramientas tecnológicas.

Tenemos que mantenernos atentos a las rendijas de los medios, con el objeto de aprovechar las antedichas fisuras, para luego denunciar sus contradicciones. Es decir, se debe evidenciar la mentira en todos los flancos, a fin de concienciar a las multitudes y terminar con la ciberguerra, de una vez por todas. Porque de cierto escribo que los medios de comunicación masivos no son perfectos, ni la mentira jamás será verdad.

Para ir finalizando, cabe declarar que los medios de comunicación tradicionales están desesperados por descubrir el modo efectivo de igualar y acaso de debilitar la comunicación instantánea de las redes sociales, la cual compite con su monopolio comunicativo, con su supremacía mediática conseguida a punta de embustes.

Aunque algunos diarios y portales de noticias han creado sus propias redes sociales, estas no son más que verdaderos pueblos fantasmas, habitados por apenas nadie.

Comparados con las redes sociales, los medios de comunicación tradicionales lucen rudimentarios. Dado su involucionado costumbre de interactuar con el público, los medios continúan siendo cual instrumentos de comunicación de la Edad de Piedra. El abismo que separa a las redes sociales de los medios de comunicación tradicionales es del cielo a la tierra.

Por esto, la forma instantánea de la divulgación de la información entre los usuarios de las redes sociales, la fugacidad para recibirla y compartirla, la brevedad para propagarse, se presenta con una facilidad difícil de igualar y probablemente imposible de superar por parte de los medios de comunicación tradicionales.

En definitiva, las herramientas digitales les han sacado una ventaja inimaginable al llamado cuarto poder: al de los medios de comunicación masivos. Y es en esa ventaja, justamente, donde radica el poderío de las redes sociales, como quiere Daniel Estulin.

¡Hasta la cibervictoria siempre!

HISPANTV / MISIONEROS DE LA COMUNICACION
misionerosdelacomunicacion@gmail.com

lunes, 27 de noviembre de 2017

Facebook, Twitter y TIA "CONOCIMIENTO TOTAL DE INFORMACION" NOS VIGILAN A TODOS POR HUMANIDAD SOSPECHOZA

CONTROL DE INTELIGENCIA IMPERIAL EJERCE EE.UU EN EL MUNDO



27 de noviembre de 2017
 Por Marcelo Colussi
 Algunos años atrás, luego de los atentados contra las torres del Centro Mundial de Comercio en Nueva York en el año 2001, el gobierno estadounidense lanzó el Acta Patriótica.

El Acta Patriótica fue inicio de lo que en ese momento la administración Bush llamó “guerra total contra el terrorismo”. Así se pusieron en marcha: 1) las llamadas guerras preventivas, y 2) el control –anticonstitucional– de su propia población.

En nombre de la “defensa de la patria” se pisoteó la soberanía de todos los países del mundo, pasando por encima de la Organización de Naciones Unidas, comenzándose una serie de invasiones a países supuestamente “focos de terroristas” (en realidad: grandes reservas de petróleo, gas, agua dulce, biodiversidad o minerales estratégicos). Y en lo interno, con una política de corte fascista, se conculcaron derechos históricos de la población estadounidense, haciendo de cada ciudadano un posible objeto de espionaje sujeto eternamente a control.

En esa lógica, convirtiendo a la humanidad completa en “sospechosa”, se desarrolló la iniciativa TIA: Total Information Awareness (traducida como “Conocimiento Total de la Información”), también conocida como Terrorism Information Awareness (Conocimiento de la Información sobre el Terrorismo). El programa formó parte de la Ley de Seguridad Nacional y, tras su creación en enero de 2003, fue gestionado por la Defense Advanced Research Projects Agency (DARPA). Para ello la DARPA inició la adjudicación de contratos para el diseño y desarrollo de los componentes del sistema TIA en agosto del 2002, por medio de empresas contratistas. Al hacerse público el proyecto, muchas organizaciones de derechos humanos y defensa del ciudadano alzaron la voz, protestando ante esa grosera intromisión del Estado en la privacidad de cada estadounidense. Ello trajo como consecuencia que el Congreso se viera forzado a detener el programa, dejándolo de financiar. Pero poco tiempo más tarde, hacia el 2006, diversas filtraciones a la prensa informaron que el software desarrollado se había desplazado a otras agencias de espionaje, en particular la Agencia de Seguridad Nacional (NSA). En otros términos, aunque no exista el proyecto TIA, sus elementos fundamentales sí son utilizados a diario por las agencias federales de control.

Años atrás todo esto parecía una idea de ciencia-ficción de un drama orwelliano; hoy día ese panóptico universal es una realidad: sistemas de control absoluto de la población planetaria. Ese control tiene dos vías: por un lado, las empresas disponen de toda la información necesaria para afinar sus estrategias de mercadeo (¿qué le gusta a cada persona?, ¿qué necesita?, ¿cuáles son sus debilidades?, ¿qué compra habitualmente?, ¿qué ofrecerle?). Por otro, las agencias gubernamentales de espionaje pueden examinar todos los datos de la vida de cada ciudadano, estableciendo el grado de “peligrosidad” que representa para el sistema.

El engendro surgido con la administración Bush se concreta con otro nombre, pero con similares objetivos. El mismo complementa –y supera con creces– la Red Echelon (compleja trama de espionaje mantenida igualmente por los Estados Unidos y algunos de sus socios, consistente en un tejido de antenas, estaciones de escucha, radares y satélites, apoyados por submarinos y aviones espía, unidos todos a través de bases terrestres, y cuyo objetivo es controlar todo tipo de comunicaciones mundiales, entre las que se encuentran correos electrónicos, envíos de fax, comunicaciones por cable, por satélite, transmisiones radiales, conversaciones telefónicas).

El dispositivo en cuestión permite a Washington mantener un espionaje total, continuo y avasallador no sólo de las comunicaciones –parte medular de lo que desea controlar, y que de hecho ya está haciendo– sino también de las transacciones financieras, los registros de vuelo, las declaraciones de impuestos, la venta de paquetes accionarios, los movimientos de tarjetas de crédito, los archivos médicos de la población mundial. En definitiva: una forma de control absoluto de cada ser humano sobre la faz del planeta; control que se ejerce no sólo sobre sus comunicaciones sino –esto es lo aterradoramente novedoso que comenzó a desarrollarse con TIA– sobre sus características biométricas (el tramado del iris, las huellas dactilares, la voz), todo lo cual permite un monumental banco de datos universales que posibilita a los agentes de inteligencia buscar y hallar por satélite a una persona en cualquier lugar del mundo y con una velocidad pasmosa.

Rápidamente explicado, estos sistemas del que TIA fue el precursor –desarrollado en ese entonces por el Comando de Inteligencia Naval de los Estados Unidos– consisten en una combinación de tecnologías de punta del campo de la informática (entre las que se cuenta una monumental base de datos que permite almacenar información personal de los 7.500 millones de habitantes actuales del planeta, incluyendo videos, fotos y parámetros biométricos de cada ingresado al programa), con la capacidad de localización por satélite e identificación de seres humanos a distancia por medio de las características biométricas almacenadas.

Apoyan y complementan la iniciativa un traductor universal, que puede convertir instantáneamente en texto una grabación de voz, capaz de intervenir conversaciones telefónicas en cualquier parte del mundo, así como un sistema para “interpretar” las relaciones entre distintos sucesos aislados o que, aparentemente no tienen conexión. Éste detecta patrones comunes en la actividad de diversas personas, grupos, empresas, movimientos financieros, viajes, compras; es decir: cualquier movimiento que se quiera investigar.

Las explosivas declaraciones que hiciera tiempo atrás el ex espía estadounidense Edward Snowden (¿arrepentido?) permiten ver que los programas diseñados hace más de una década en la administración Bush, hoy día son una realidad, no importando qué partido gobierne en la Casa Blanca. Según aseguró el ahora ex agente, el programa de la NSA no se limita a la recolección de datos sobre la inteligencia extranjera, sino que también actúa sobre todas las comunicaciones que transitan dentro de Estados Unidos. En ese sentido, el programa PRISM es la más brillante creación del espionaje de Washington. Todos, absolutamente todos estamos controlados, vigilados, espiados.

El centro de operaciones principal para la vigilancia digital está en el Estado de Utah, cerca de la pequeña ciudad de Bluffdale, en el condado de Salt Lake. En un artículo publicado por James Bradford en el Wired Magazine en marzo de 2012 se reveló que la obra, de 2.000 millones de dólares de costo, funciona como mega-almacén de información digital de la Agencia de Seguridad Nacional. El centro cuenta con la capacidad más grande concebida para almacenar datos de vigilancia electrónica de todas partes del mundo: la unidad de capacidad para guardar esa información se mide en cientos de exabytes (cada uno equivalente a más de mil millones de gigabytes). El centro de espionaje utiliza la energía eléctrica de la pequeña ciudad vecina para tener los servidores en marcha y millones de litros de agua para mantenerlos frescos. Alrededor del perímetro de la construcción una serie de sensores de detección de intrusos brinda la seguridad necesaria para trabajar tranquilos, apoyados por guardias armados. La NSA no lo niega; por el contrario, llamándolo Centro de Datos de la Comunidad de Seguridad Cibernética Iniciativa Nacional Integral, afirma que ayuda a proteger las redes civiles de los ataques cibernéticos. Sin embargo, esto no es competencia de la Agencia de Seguridad Nacional. De hecho, en su investigación Bradford afirma que el centro se utiliza para albergar una increíble cantidad de datos interceptados, tomados dentro y fuera de los Estados Unidos. En ello, las llamadas redes sociales (Facebook, Twitter) son pieza especialmente importante.
Con las revelaciones de Edward Snowden, el tamaño y la monumental capacidad del centro de datos de Utah toman sentido. Los documentos filtrados por el ex agente detallan, entre otras cosas, un programa integral denominado PRISM, que absorbe grandes cantidades de información personal de las empresas de telecomunicaciones y de internet como Google, Apple y Verizon, combinándolos en una base de datos única. Snowden afirmó, en una entrevista con el diario británico The Guardian, que la base de datos PRISM permite vigilar y espiar a quienquiera en cualquier parte del mundo. La privacidad personal desaparece así: todos somos sospechosos potenciales, todos estamos observados. El panóptico ya no es algo de ciencia ficción: está aquí, vigilándonos.

Pareciera, entonces, que no hay nada que hacer. ¡Pero no es así! Por más controles que se pongan, la injusticia lleva a la reacción, a la acción revolucionaria transformadora. ¡Y las injusticias no han terminado! Por tanto, la acción revolucionaria sigue siendo válida.
 
HISPANTV / MISIONEROS DE LA COMUNICACION
misionerosdelacomunicacion@gmailcom
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jueves, 23 de julio de 2015

CHINA COMO INTERNAUTAS DEL MUNDO AUMENTO EN 18,9 MILLONES DE USUARIOS EN LO QUE VA DEL AÑO Y SEGUIRA MAS

Asciende a 668 millones número de usuarios de internet en China


El número de internautas de China, el mayor del mundo, llegó a 668 millones en junio, con un aumento de 18,9 millones durante la primera mitad del año, según datos ofrecidos hoy jueves por el Centro de Información de Redes de Internet de China.


BEIJING, 23 jul (Xinhua) -- 
El número de internautas de China, el mayor del mundo, llegó a 668 millones en junio, con un aumento de 18,9 millones durante la primera mitad del año, según datos ofrecidos hoy jueves por el Centro de Información de Redes de Internet de China.

De la población total, 594 millones de usuarios accedieron a internet con aparatos móviles, 36,8 millones más respecto al mismo periodo del año pasado. La navegación por internet vía teléfonos móviles es ya la forma más popular entre los cibernautas chinos, representando el 88,9 por ciento del total.

Los servicios de pago, compras y reserva de viajes en línea vía celulares aumentaron un 26,9, un 14,5 y un 25 por ciento, respectivamente.

Según el comunicado, todavía existe mucho margen de desarrollo en el sector, puesto que cada día más gente en zonas rurales se conecta a internet. En la actualidad, unos 186 millones de cibernautas son residentes rurales, un 27,9 por ciento del total.
 
XINHUANET.COM / MISIONEROS DE LA COMUNICACION
misionerosdecomunicacion@gmail.com