jueves, 22 de marzo de 2018

90% DE LO DICHO POR "fake news" SON MENTIRA Y NO LO SABIAMOS

‘Fake news’: el poder de la mentira
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ARCHIVO GOOGLE
GERARD COSTA
05/02/2018 
A mediados del 2016, el editor de la web BuzzFeed, una empresa que rastrea e identifica todo tipo de noticias en las redes sociales, detectó que ingentes cantidades de inverosímiles nuevas noticias se estaban viralizando en todo el mundo desde la ciudad de Veles (Macedonia). Una población de 55.000 habitantes que llegó a tener más de cien webs a favor de Trump. Había nacido el término fake news, noticias falsas.

Un grupo de jóvenes creó cientos de webs falsas de noticias, que eran creídas, asimiladas y retuiteadas miles de veces. Trabajaban con miles de bots, cuentas sociales falsas que le daban popularidad inmediata a tales noticias. Fueron capaces de usar un vocabulario que generaba una respuesta emotiva (“¡Restaurante en Washington tiene esclavizadas a chicas para los congresistas!”) desde cualquier lugar del mundo. Y el tráfico generado en internet era para ellos ganar miles de euros con la publicidad generada desde Facebook o Google Adsense.

Siempre ha habido mentiras, persuasión e hipocresía. Augusto, en la Roma imperial, fue precursor de la propaganda mediante una fake new: hizo correr un falso testa­mento de Marco Antonio en favor de Cleopatra, que los mensajeros distribuyeron por el imperio sin que hubiera medios de contrastarlo. Finalmente, Augusto logró ser césar. Otra falsedad generada buscando el bien propio, sólo que hoy son distribuidas a un ritmo de 6.000 tuits por segundo a escala mundial. Tantas y tan rápido que tampo­co pueden contrastarse. Pueden de­cantar los votos a favor de Donald Trump o convencer a los indecisos para apoyar el Brexit.


Parecen historias de otro continente, del mundo anglosajón, de recónditas zonas donde nunca iremos. Hasta que, en una entrevista en la Universidad de Copenhague, una reputada politóloga cuestiona a un político con referencias a la balcanización europea, a la satisfacción de las mafias de Putin o a los pobres abandonados en España. Y acaba cuestionando cómo no permiten enseñar el español en las escuelas de Cata­lunya. Mientras, el ministro Dastis se regocijaba recordando su espontáneo “efectivamente… en Catalunya se puede enseñar francés, inglés, alemán, pero no español”.

Mienta de un modo profesional en las redes sociales para que sea viral, con las palabras que causen impacto emocional. Otros lo están haciendo en estos momentos contra usted.

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